La historia, aunque sea la de un paisaje o la de un proceso como el industrial, es necesariamente la historia de los hombres y mujeres que la protagonizaron. Si el hierro fue la materia prima vital para este despegue industrial, no menos importante fue la ría. Las grandes obras de infraestructura permitieron el crecimiento de la naciente industria vizcaína en sus orillas: La Naval, Euskalduna, S.E.C. Babcock & Wilcock, Santa Ana de Bolueta y, sobre todo, Altos Hornos de Vizcaya. Esta transformación no sólo estuvo orientada a la actividad industrial. Ineludiblemente, la sociedad se vio convulsionada por la adaptación del paisaje a las nuevas demandas del hombre.
El Muelle de Hierro, los ensanches y sobre todo el Puente Colgante se erigieron para servir a las personas, unir los pueblos, humanizar el paisaje.
Y todo ello pasó ante los ojos de la “vieja señora”, la villa de Portugalete.